12/03/2013

Mi Morada



La Noche ha tendido sus majestuosas alas
negras, en el cielo raso del amado cementerio.
¡Oh corazón desolado, sublime y lleno de misterio!
que cobijas perfumados cuerpos en mantas de tablas.
He subido a los callados altares
donde el transido cuerpo descansa de sus avatares,
he desgarrado sus mantas, he roto sus sudarios,
con el acerado filo del azadón, he removido sus santuarios.
¿Por qué me niegas la salida, de tu pecho encadenado?
Con la mirada alegre de quién ha descubierto una fortuna,
mi alma se exaspera. Mi cuerpo debilitado,
se desgrana bajo la triste mirada de la Luna.
Brisas heladas, de cánticos y estertores, golpean
mis oídos, anuncian la llegada de niños condenados,
con satánicas fuerzas por mi cuerpo se pelean,
teniendo a los demonios como sus aliados.
Sobre mi cuello sus brazos se desploman,
de caricias y besos mi cuerpo colman.
Siento el frio terciopelo de su piel
bañada de sangre con aroma a miel.
¡Oh Muerte! Amante sempiterna de mi vida,
de besos perfumados y mirada angelical,
acógeme en la sombra de tu regazo celestial,
aliméntate del horror y espanto de mi alma reprimida,
y permite que mis despojos saboreen el acre olor
de la tierra húmeda, donde las rosas hilvanan sus espinas,
donde el viento de media noche canta al dolor,
y peina las negras cabelleras de las lápidas asesinas.

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