Mis ojos miraron
la luz del día,
los vientos entonaron
su melancolía.
Me arrastré en pos
del crepúsculo,
sentía que a mi voz,
extrangulaba su músculo.
Ya no piso en la tierra,
a mis pies el aire muere,
mi sepulcro me destierra,
huir del tiempo quiere.
¡He invocado a la muerte mi Fanal!
Me ha rechazado, sonriendo.
¡Qué suplicio! ¡Qué castigo fatal!
el de seguir viviendo.
¡Ya no soy ser, ya no soy persona!
¡Ya no vivo, ya no existo!
la nada me abandona,
al absoluto infinito.

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