Me arrastro en las miserias de la carne humana,
de rodillas besando tus huellas quedo agotado.
¡Dame a beber de la fuente que mana tu costado!
De mi sangre se ha saciado toda la raza humana.
Y, si la Muerte, imprudente yo he bebido,
agradeceré que alguien me haya comprendido.
¡Que en mi cuerpo no pongan aromas y esencias!
La saliva de los gusanos untarán de pestilencias.
¡Qué no me engañe por tres días la Muerte!
No quiero volver a padecer con esta mala suerte.
¡Que nadie visite mi sepulcro, por el viento custodiado!
Eternamente, quiero permanecer desolado.

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