12/03/2013

Pesares



¡Maldita mi carne mutilada! ¡Maldita mi sombra herida!
¡Oh abismos infernales! Abridme sus pechos maternales,
dadme el refugio que no encuentro en la tierra prometida.
No soporto ya, ni la mirada piadosa de los mortales.
Mis irritadas pupilas de desconocido color enfermizo
provocan espanto en ángeles y demonios;
y huyo desesperado a un refugio secreto y preciso
para morir en brazos de mi dolor sin dejar testimonios.
Mis párpados caen hinchados de negros pesares
con mis rodillas temblorosas: en espinas y desperdicios
escupidos por el cielo sobre sucios altares,
donde ofrendaré mi pecho vacío a todos los maleficios.
¡Oh tumba fría y despiadada! De carne fresca hambrienta,
¡no llegarás a saborearme completo! pues día a día
la angustia me devora. En tu traje de reina harapienta
se arrebatan mis irritados nervios, que sangran de felonía.

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